Nuestra selva, clasificada como selva de tierra baja, es el componente más importante en la ecología del área. Es un reciclador muy eficiente de nutrientes y de agua, tomando lo que recibe de la atmósfera y usándolo para producir comida y refugio para una enorme diversidad de especies. Las estadísticas son impresionantes.
Aunque las selvas tropicales cubren sólo el 6% de la superficie terrestre del planeta, son el hogar de más del 50% de todas las especies existentes. Una sola hectárea puede contener de 40 a 200 especies diferentes de árboles, un solo árbol puede albergar a más de 50 tipos de hormigas. Las dos terceras partes de las aves del mundo se encuentran allí (500 especies en Yucatán) y las dos terceras partes de todos los árboles con flor solo crecen allí. Toda esta abundancia en un entorno que ni siquiera mantiene a una vaca por hectárea, cuando la tierra ha sido despejada!
La escasa capa superficial del suelo es pobre y se erosiona fácilmente con las fuertes lluvias tropicales, pero la selva no necesita del suelo. Se sostiene a sí misma aprovechando la energía del sol para crear un nuevo crecimiento (10-12 toneladas por acre por año). En este proceso de fotosíntesis las copas de los árboles combinan el dióxido de carbono extraído de la atmósfera con el agua para la producción de glucosa que requiere para vivir.
Esta energía se transmite a las plantas inferiores en forma de hojas y humedad y a su vez pasa sucesivamente a los depredadores de plantas, insectos, carnívoros y por último a los hongos, bacterias, termitas y otros agentes que activan la descomposición, cuyo trabajo disipa hasta el último rayo de energía originalmente tomado del sol.
Y como si se tratase de un regalo, durante este proceso la selva le devuelve la humedad y el oxígeno a la atmósfera, los cuales desempeñan un papel importante en el control del clima de toda la zona.